Algunos de mis primeros recuerdos están ligados al campo: los olivos que plantó mi abuelo, el olor del rosal junto al pozo o el croar de las ranas en la acequia. Al mismo tiempo, llenaba cuadernos dibujando casas y jardines imaginarios. Sin saberlo, aquellas dos inquietudes ya marcaban el camino que seguiría después.

Cuando descubrí el paisajismo comprendí que era posible integrar arquitectura y paisaje para dar forma a lugares únicos. Encontré una profesión que reunía dos mundos que siempre me habían interesado y que me permitía crear espacios bellos para ser vividos. Desde entonces, esa forma de entender el jardín guía cada proyecto de Corinto.

Alberto G. Barragán